En el año, el oro acumula una revalorización del 26%, impulsado por la debilidad del dólar y la creciente preocupación sobre la sostenibilidad de la deuda estadounidense.

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El metal precioso vuelve a ser el barómetro del riesgo

El oro siempre ha sido el termómetro de la incertidumbre global. Cada vez que los mercados se adentran en aguas turbulentas, sube el oro. Ocurrió durante la crisis financiera de 2008, cuando los bancos centrales tuvieron que desplegar medidas sin precedentes; volvió a suceder en 2020, en pleno confinamiento mundial, y ahora la historia se repite.

El rally de 2025 refleja un doble movimiento. Por un lado, es consecuencia de la caída del dólar tras el cambio en la política arancelaria de Washington, que ha hecho que el billete verde se debilite frente a la cesta de divisas internacionales. Por otro, la acumulación de deuda estadounidense genera dudas sobre la capacidad del Tesoro para mantener el atractivo de sus emisiones a largo plazo. Esa combinación alimenta un flight to safety, una huida hacia activos considerados más seguros, en la que el oro vuelve a brillar con fuerza.

A diferencia de otros activos, el oro no depende de los dividendos, del guidance corporativo o de la política monetaria de una única institución. Su valor se sostiene en la confianza acumulada durante siglos y en la percepción de escasez. De ahí que, cuando el horizonte macroeconómico se oscurece, el metal se convierte en paraguas frente a la tormenta.

El dólar bajo presión

La preocupación sobre el dólar y la deuda refleja tensiones estructurales del sistema financiero global. El déficit fiscal estadounidense ha crecido y el endeudamiento público alcanza niveles históricos, lo que lleva a los inversores a ajustar expectativas sobre la evolución de los mercados.

Aunque el dólar sigue siendo la moneda de referencia en el comercio y las reservas internacionales, se observa una tendencia gradual de desdolarización impulsada por países como China, Rusia y otros miembros de los BRICS. Estos movimientos incluyen una mayor compra de oro por parte de bancos centrales, a la par que buscan diversificar riesgos y ganar autonomía en un sistema financiero todavía muy dependiente de Estados Unidos. No es un proceso abrupto ni inminente, pero su avance puede sostener la demanda estructural de oro en los próximos años.

En este entorno, el oro se consolida como un activo sin riesgo de contraparte, independiente de decisiones regulatorias puntuales. El anuncio de Trump de liberar al oro de los aranceles añade un elemento adicional. Supone reconocer de manera indirecta la importancia estratégica del metal en un momento de fragilidad del dólar. Y, al mismo tiempo, envía una señal clara a los mercados y refuerza la idea de que Estados Unidos quiere mantener al oro dentro del radar de los grandes inversores globales.

Cómo encaja el oro en las carteras en España

El repunte del oro no es una anécdota de Wall Street. En Europa, las gestoras y fondos de pensiones han incrementado sus posiciones en metales preciosos como parte de sus estrategias de asset allocation. El objetivo vuelve a dirigirse hacia diversificar riesgos y blindar las carteras frente a escenarios de volatilidad.

En España, donde el inversor institucional suele ser más conservador, el oro se está revalorizando como herramienta de cobertura. Family offices y patrimonios privados han visto en este activo una forma eficaz de protegerse frente a movimientos bruscos en los mercados de divisas y deuda. En un contexto geopolítico que agrupa conflictos abiertos en distintas regiones y tensiones comerciales latentes, esta tendencia se refuerza.

No se trata de sustituir otras clases de activos, sino de complementarlos. Igual que una corrección técnica en los índices bursátiles no implica necesariamente un cambio de ciclo, el auge del oro no significa renunciar a la renta variable o a la renta fija. Lo que refleja es la necesidad de dotar a las carteras de un seguro adicional en un momento en el que la fragilidad del dólar introduce un nuevo factor de incertidumbre.

El repunte del oro se traduce en oportunidades para los inversores españoles interesados en diversificar sus carteras. Entre la multitud de productos que hay, tenemos disponible el Invesco Physical Gold ETC, uno de los mayores vehículos de inversión ligados al oro en Europa y el más grande disponible en España, supera actualmente los 25.000 millones de dólares estadounidenses en activos bajo gestión. Con un gasto corriente anual del 0,12 %, se sitúa entre los ETC de oro más competitivos en costes en Europa. 

Las inversiones están respaldadas por lingotes de oro físico, depositados en cuentas segregadas y custodiados en las cámaras acorazadas de J.P. Morgan Chase Bank en Londres. Este instrumento, disponible con cobertura en euros y libras esterlinas, permite seguir de forma eficiente la evolución del precio del metal y actúa como potencial activo refugio, cobertura frente a la inflación y herramienta de diversificación estratégica.

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